El periodista Luis Ramón Viloria, popularmente conocido como “El Gato Viloria”, cuenta que el chirimoyo del Palacio Legislativo era cuidado con celo por Alí Moncayo, quien compartía sus frutos con los fablistanes: Ñeño Colina, Caprilito y Argüello.
Vale destacar que la casa —hoy Palacio Legislativo— es de las poquísimas que se salvaron de “la piqueta” que cayó y borró del mapa al viejo El Saladillo. Se trató de una acción ejecutada durante el gobierno del presidente Rafael Caldera, que transformó profundamente esta barriada considerada el corazón de la ciudad.
De acuerdo con datos de consulta general, en 1888 se demolió la casona original para construir el actual palacete de estilo neoclásico, diseñado por Manuel Soto. Cronistas de la época destacan que el árbol fue respetado, convirtiéndose en un “puente vivo” entre la Maracaibo colonial y la republicana.
Los historiadores subrayan que, aunque la casa original del siglo XVIII —propiedad de don Rafael de Sulbarán— tenía un diseño semi morisco destacado, lo que realmente le dio fama fue el frondoso árbol, cuyas ramas sobresalían de los altos muros y cuyos frutos colgaban hacia la calle.
Ayer entramos y observamos que en el patio se levanta, mostrando sus frutos, un chirimoyo joven que bien podría ser descendiente del primero, con más de dos siglos de historia.
JC











Noticia al Día/Josué Carrillo