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Travesía hacia la Gran Sabana: Miltico cruzó los 1.100 km entre gaitas, lluvia y un mensaje especial por el Día del Padre

Hay viajes que se miden en kilómetros y otros que se miden en abrazos. La travesía de Milton Medina, el joven zuliano que salió desde Ciudad Ojeda a bordo de su bicicleta «Pollito 2. 0» con rumbo a la Gran Sabana, cruzó las fronteras del asfalto para convertirse en un fenómeno de puro amor venezolano. Entre las jornadas 27 y 28 de su ruta, su llegada a El Tigre y su posterior entrada al estado Bolívar demostraron que este viaje ya no es solo suyo: pertenece a un país entero que lo empuja a pedalear.

El destino obligó a cambiar los planos ya entrar en El Tigre, Anzoátegui, casi por sorpresa Milton, conmovido, comenzó el día agradeciendo públicamente a las almas generosas que le abrieron las puertas de su hotel para pasar la noche. Lo que el noble muchacho no imaginaba era que, al cruzar la entrada de la ciudad, las calles se desbordarían en una auténtica fiesta de hermandad.

Gente con banderas de Venezuela en alto, aplausos y lágrimas de orgullo lo esperaban en las aceras. La identidad regional se hizo presente a millas de kilómetros de casa cuando, a todo pulmón, los orientales le cantaron las notas de «La Grey Zuliana", un instante que erizó la piel de los presentes. Entre la multitud,la inocencia y el sentimiento de un pueblo se resumieron en las palabras de una pequeña niña que se le acercó para decirle con ternura: « Que Molleja, Miltico, te estoy esperando desde ayer».

Con el corazón arrugado por la sorpresa, el ciclista confesó que jamás imaginó que sus piernas lo llevarían tan lejos, ni que conocería lugares donde su nombre ya era sinónimo de inspiración. El Tigre lo abrazó tanto que hasta su fiel compañera, la «Pollito 2. 0», recibió un servicio técnico profundo que la dejó «bella» ante el imponente monumento del tigre que custodia la ciudad.

Bajo la lluvia, 1.100 km y un mensaje al motor de su vida

El día 28 de la ruta llegó con el cielo encapotado y una fuerte lluvia en la carretera. Sin embargo, para "Miltico" el agua no fue un obstáculo, sino un recordatorio de que hay que «disfrutar de la naturaleza». Animado por las bendiciones de desconocidos que salían a la vía solo para ver las ruedas, el odómetro de su bicicleta marcó la impresionante cifra de 1.100 kilómetros recorridos.

En medio de esa recta infinita de la carretera oriental, donde el paisaje parece no tener curvas, Milton se detuvo para hacer la parada técnica más importante de su viaje: una parada hacia el corazón. Con motivo del Día del Padre, envió un conmovedor mensaje a su papá, el hombre que observa desde la distancia con el alma en un hilo:

«Feliz día a mi papá. Una persona que, a pesar de cualquier situación, siempre ha estado ahí; con miedos, obviamente, por mis loqueras, pero siempre orgulloso y apoyándome».

Con la bendición paterna en el pecho, el apoyo de la gente de Anzoátegui en la memoria y el motor de la fe encendida, Milton exclamó su inquebrantable grito de guerra: «¡Pa’ lante, pa’ lante y pa’ lante!» .

Anzoátegui quedó atrás en el horizonte y las tierras del estado Bolívar lo recibieron con los brazos abiertos. "Miltico" sigue pedaleando, demostrando que la distancia más larga entre dos puntos se acorta cuando todo un país te acompaña en el camino.

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Video: @milticoo

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