
Le tocó ahora al billete de Bs 20, de ser despreciado por los choferes del transporte público, tal como ocurrió a principios de años con el de Bs10, que no lo reciben como pago por concepto de pasaje y lo sacaron de circulación.

La misma «suerte» esta corriendo con el de Bs 20 que entró en la lista de los «mal queridos» , como los llaman los conductores y algunos usuarios.
La falta de efectivo en bolívares y las restricciones del sistema financiero formal impulsan el uso de mesas de cambio informales dentro de los propios mercados populares que funcionan en la ciudades como Maracaibo. En estos espacios, la tasa paralela supera con creces al tipo de cambio oficial dictado por el Banco Central de Venezuela (BCV).

Es en estos centros donde realmente se define la dinámica comercial para la compra y venta de productos, así como el costo de servicios públicos como el transporte. El poder de este mercado informal es tal que incluso decide qué piezas del cono monetario deben salir de circulación por haber perdido su valor; es el destino de los billetes de baja denominación, hoy bautizados por los ciudadanos como los «malqueridos».
Primero fue el billete de Bs 10
El rechazo del billete de Bs 10 por parte de los choferes se debe a la devaluación del cono monetario venezolano. Aunque formalmente son de curso legal, la escasez de efectivo y el poco valor de compra hacen que los transportistas los eviten. Practicamente han salido de circulación y el de Bs 20 que también es rechazado va por el mismo camino de que desaparezca dentro de poco.
Bancas paralelas deciden todo
Las llamadas bancas paralelas actúan como un epicentro de la economía informal donde los comerciantes fijan sus propias tasas cambiarias de facto, a menudo castigando los pagos en bolívares y ofreciendo otras por el pago en dólares en efectivo.

Es allí donde se decide el movimiento de la moneda en la compra y venta de los artículos y en los servicios públicos como el transporte, que deciden incluso que moneda hay que sacar de circulación por que perdió valor y son «mal querido», como llaman los conductores a los billetes de baja denominación.

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Foto: Javier Sánchez
