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Fallos en los sistemas de alerta y saturación aérea: Las claves de la tragedia de Air Canada en Nueva York

Un informe preliminar de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) ha arrojado luz sobre los fatídicos momentos previos a la colisión mortal entre un camión de bomberos y un avión de Air Canada en el aeropuerto LaGuardia, ocurrida el pasado 22 de marzo.

Según los hallazgos, una combinación de órdenes imprecisas desde la torre de control, fallos en los sistemas de alerta automática y una saturación inusual del tráfico aéreo nocturno configuraron el escenario de la tragedia que costó la vida a los dos pilotos de la aeronave.

La reconstrucción de los hechos revela que, apenas nueve segundos antes del impacto, un controlador de tráfico aéreo exclamó desesperadamente: “¡Alto, alto, alto! Camión 1”. Sin embargo, el operador del vehículo de emergencia declaró ante los investigadores que la instrucción inicial carecía de un destinatario claro, lo que impidió una reacción inmediata.

El convoy de bomberos, compuesto por seis vehículos, cruzaba la pista para atender una emergencia por olor a gas en otro avión cuando se interpuso en la trayectoria del vuelo 8646, un reactor regional CRJ900 procedente de Montreal.

El informe técnico de la NTSB es particularmente crítico con los sistemas de seguridad del aeropuerto. El sistema de vigilancia de superficie ASDE-X, diseñado para prevenir incursiones en pista, no emitió ninguna alerta sonora ni visual. Aparentemente, el camión de bomberos no tenía un transpondedor activo y la proximidad con otros vehículos del convoy pudo haber anulado la capacidad de respuesta del software.

Además, las luces de advertencia en la pista se mantuvieron encendidas hasta tres segundos antes del choque, cuando la normativa exige su apagado previo para evitar confusiones. La noche del accidente, LaGuardia operaba bajo una presión operativa extrema. Debido a retrasos previos, el flujo de aterrizajes y salidas entre las 22:00 y las 23:40 duplicaba el ritmo programado habitualmente.

En este entorno de alta intensidad, el controlador autorizó al convoy a cruzar la pista solo 12 segundos antes de que el avión tocara tierra, mientras este volaba a apenas 30 metros de altura en su aproximación final. El impacto resultó fatal para los pilotos Antoine Forest, de 24 años, y Mackenzie Gunther, de 30. Cerca de cuarenta personas, entre pasajeros y ocupantes del camión, resultaron heridas, incluyendo una azafata que sobrevivió tras ser proyectada a la pista pese a llevar puesto el cinturón de seguridad.

Este incidente marca el primer accidente mortal en el aeropuerto neoyorquino en 34 años, reabriendo el debate sobre la eficacia de la tecnología de vigilancia en pista y los protocolos de comunicación en situaciones de emergencia.

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