El misterio del cráneo robado:
La leyenda negra de la Revolución Mexicana resuena con fuerza cada 20 de julio. En 1923, una emboscada en Parral terminó con la vida del general Francisco "Pancho" Villa. Sin embargo, el misterio definitivo comenzó tres años después, alimentando un mito macabro: que el rey de la prensa estadounidense, William Randolph Hearst, pagó una fortuna para exhibir la cabeza del caudillo como un trofeo en su oficina.
A continuación, desglosamos los hechos y la verdad detrás de esta fascinante y tétrica historia.
El origen del mito: Un soborno presidencial
La narrativa popular asegura que Hearst, un acérrimo enemigo de la Revolución Mexicana, sobornó con 5,000 dólares de la época (equivalentes a unos 94,000 dólares actuales) al entonces hombre fuerte de México, Plutarco Elías Calles. El objetivo del pago habría sido autorizar la profanación de la tumba de Villa en el cementerio de Parral para entregarle el cráneo al magnate de los medios.
Según los rumores que circularon en las redacciones de ambos lados de la frontera, Hearst colocó los restos óseos sobre su escritorio en Nueva York como un símbolo de victoria personal frente al hombre que una vez desafió al ejército de los Estados Unidos.
La profanación real de 1926
El trasfondo histórico que dio vida a esta leyenda es real. En la madrugada del 6 de febrero de 1926, la tumba de Pancho Villa fue profanada y su cuerpo fue decapitado.
Las investigaciones históricas apuntan a que el autor material del crimen fue el coronel mexicano Francisco Durazo Ruiz, jefe militar de la plaza de Parral. Durazo, presuntamente, actuó bajo la influencia o el encargo de un ciudadano estadounidense apodado "El Handal", quien le habría ofrecido una fuerte suma de dinero por el cráneo.
Veredicto: Leyenda periodística sin pruebas
A pesar del morbo y la persistencia de la historia sobre Hearst y Calles, los historiadores coinciden en que es falsa. No existen registros financieros, correspondencia ni testimonios en los archivos de la familia Hearst o del gobierno mexicano que confirmen dicho pacto.
El destino final de la cabeza de Pancho Villa sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de la historia de México. Las hipótesis más sólidas sugieren tres posibles finales:
- Destrucción por pánico: Durazo pudo haber deshecho el cráneo al verse descubierto por las autoridades locales.
- Escondida en Chihuahua: Algunas versiones locales indican que fue sepultada en una caja de cartuchos en algún rancho del estado.
- Colección privada: Un mercado negro de reliquias históricas en Texas pudo haberla recibido, perdiéndose su rastro para siempre.
Cien años después, la cabeza de Villa sigue ausente de su cuerpo, el cual descansa hoy en el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México. El trofeo del escritorio de Hearst permanece únicamente como un excelente, pero falso, guion de la prensa sensacionalista de la época.
Con recursos de internet
