Con el firme objetivo de evitar que se repitan episodios históricos de vulnerabilidad en sus gradas, el FC Barcelona ha decidido intervenir de manera drástica en la logística de su próximo compromiso europeo.
La entidad azulgrana anunció este lunes que el pasado viernes detuvo preventivamente la venta de entradas para el partido de vuelta de los octavos de final de la Champions League contra el Newcastle United, tras detectar una serie de operaciones irregulares que facilitaban la presencia masiva de aficionados ingleses fuera de los sectores destinados a la hinchada visitante.
El club catalán, que ha declarado el encuentro como de "alto riesgo", busca impedir una situación similar a la ocurrida en 2022 ante el Eintracht de Frankfurt, cuando miles de seguidores alemanes tomaron el feudo barcelonista. Para ello, el Barça ha implementado un protocolo de seguridad que incluye la emisión de entradas estrictamente nominales y la prohibición de lucir simbología del equipo rival en las zonas de la afición local.
Asimismo, se ha confirmado que las taquillas del estadio permanecerán cerradas y que el sistema de venta online, pausado durante el fin de semana, volverá a estar operativo este martes bajo nuevos parámetros de control que prioricen a los socios y abonados de la institución.
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