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Noticia al Dia

Exceso de calor y "bajones" reducen la frecuencia sexual

La reducción del deseo o frecuencia sexual y su relación con el concepto de las "camas vacías" suele vincularse en la psicología y la sexología actuales con dos situaciones que se registran con frecuencia: una de carácter ambiental, relacionada con el exceso de calor, y otra logística, derivada de los problemas en el servicio eléctrico que están distanciando la vida en pareja.

«Me dejan embarcado», «me quedé mirando pa’ San Felipe», «Elvira y yo, noches enteras mirando por la ventana», «quedé como novia ‘e pueblo», «con este calor ya no arranco ni empujao», «en la cama ni dormir ni nada», «ya no hago ni pa’ los chicles», «calor y bajones, un embarque por montones».

Estas fueron algunas de las tantas expresiones que recogimos ayer entre los ciudadanos que circulaban a altas temperaturas por el casco central, a quienes consultamos sobre el impacto del calor extremo en su vida sexual.

El exceso de calor acaba con la vida íntima a través de varios factores biológicos y psicológicos, según profesionales especialistas, incluyendo sexólogos, urólogos y psicólogos expertos en sexología, quienes coinciden en que, cuando la temperatura ambiental es muy alta, el cuerpo realiza un esfuerzo metabólico enorme para enfriarse y regular la temperatura central. Este proceso causa fatiga, letargo y una reducción drástica de la energía física, dejando al organismo sin reservas para la actividad sexual.

Esto permite que muchos hombres y mujeres, agobiados por la ola de calor del día, se refugien en su habitación cansados y fatigados, quedando como «Elvira» mirando hacia el templo, después de esconderse entre sábanas buscando un sueño que muchas veces no llega sin responder al llamado de la intimidad.

Para el sexólogo Edixon Ochoa, la exposición a las altas temperaturas ambientales puede causar dos situaciones clínicas claramente diferenciadas: el agotamiento por calor que incluye fatiga, letargo y reducción de la energía y el golpe de calor, que es más grave porque implica deshidratación extrema, pérdida de conciencia en algunos casos y sin intervención médica puede presentar un desenlace letal.

El experto consultado por Noticia al Día asegura que esto interfiere en la dinámica de las parejas, alterando su funcionamiento en diversas áreas de la vida: a escala doméstica, laboral, académica, social y sexual.

El especialista considera que una persona con agotamiento por calor no está en las mejores condiciones para el ejercicio de la actividad sexual, lo que puede reflejarse en la ausencia de deseo, es decir, en una inhibición marcada, permanente o sostenida.

«Para el ejercicio de la actividad sexual se requiere un ambiente confortable, porque la combinación de las altas temperaturas, aunada a los inconvenientes eléctricos que se están registrando, no ayuda en lo más mínimo al aseguramiento de un entorno idóneo para tener sexo», comentó el profesor Edixon Ochoa.

Por su parte, otros especialistas que omiten sus nombres coinciden en que el calor extremo puede causar disfunción eréctil temporal debido a la deshidratación y a las bajadas de tensión, ya que se reduce el volumen sanguíneo necesario para una erección óptima. Asimismo, el estrés térmico prolongado reduce la calidad, viabilidad y movilidad del semen.

El calor como inhibidor psicológico

El exceso de calor tiene un efecto ambivalente en la vida íntima y la sexualidad, pues actúa como un potenciador en climas templados, pero se convierte en un inhibidor directo ante temperaturas extremas u olas de calor.

Los psicólogos explican que este fenómeno combina factores biológicos y emocionales, donde el estrés térmico y la falta de descanso juegan un papel crucial en la disminución del deseo.

Noches calurosas impiden un descanso adecuado. La falta de sueño disminuye directamente la producción de hormonas sexuales y la libido al día siguiente. Los últimos estudios demuestran que un cuerpo descansado es clave para el deseo.

El calor extremo incrementa los niveles de cortisol (la hormona del estrés), provocando irritabilidad y ansiedad, lo que destruye la conexión emocional. El exceso de sudor, la sensación pegajosa y el temor al olor corporal generan rechazo al contacto físico directo con la pareja.

Foto: Cortesía

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