Ir al contenido principal

Noticia al Dia

UDÓN PÉREZ: Crónica para un Desagravio

Orlando Villalobos, Manuel Colina Hidalgo, Rafael Molina Vílchez, Alexis Blanco, Jorge Quintero y José Javier León, en el conversatorio “De Udón Pérez a La Casa de la Bahía”. (Fotos cortesía de Juan Guevara)

“La luz con que el relámpago tenaz del Catatumbo / del nauta fija el rumbo, cual límpido farol…”
(Fragmento del Himno del estado Zulia)

Este “Udón Pérez mío, nuestro, vuestro, de la patria y del cosmos” cumple hoy, 24 de julio, un siglo de su infausta transición hacia el morado mundo y hasta ahora no hemos encontrado un mejor epígrafe, para una ponderada nota conmemorativa, que este: Desagravio.

Así lo expusimos, el pasado viernes 17 de julio, en un acto convocado, en la Biblioteca Pública “María Calcaño”, por la Comisión designada por el gobierno regional para la conmemoración de este siglo trascendente. Allí, el escritor Alexis Fernández, junto con el Secretario de Cultura, Giovanny Villalobos y distintas personalidades concitadas dejaron expuesta la pertinencia de este Desagravio. Gente de oficio estético pensante, como José Javier León, Orlando Villalobos, Jorge Quintero, Angélica Reyes, así como Beatriz y Cristina Pérez Lavado, nietas del poeta, estuvieron presentes en el conversatorio “De la ciudad de Udón a la Casa de la Bahía”.

El periodista Orlando Villalobos fue el moderador del conversatorio. (Foto Juan Guevara)

Porque, más allá de los gestos, los homenajes oficiales, las conferencias, conversatorios, lecturas de sus poemas, carteleras escolares y afines, consideramos que todo resultará insuficiente hasta tanto la ciudad, y en esto respaldamos la opinión del doctor Rafael Molina Vílchez, no le erija un monumento cónsono con la real grandeza de su legado.
Udón Pérez colocó a Maracaibo en el vasto panorama de la creación literaria, nacional y universal. Un prolijo adelantado de su época. Un espíritu polímata que transitó todos los senderos del arte y la ciencia: medicina, pedagogía, literatura, periodismo, filología, antropología, ingeniería, política y economía, entre otras, incluyendo, además la creación de la letra del Himno del Zulia (ganada por concurso) y de ese extraordinario poema sobre el petróleo, “Oro Rojo”.

Beatriz y Cristina Pérez Lavado, junto con Ángela Reyes, directora del Panteón Regional del Zulia. (Foto cortesía de Juan Guevara)

Acerca del mismo, el doctor Cósimo Mandrillo Cándida, ha escrito: “Como si hubiese leído al Uslar Pietri que mucho tiempo después convocaría a sembrar el petróleo o al Juan Pablo Pérez Alfonso que alertaría sobre los efectos nocivos del estiércol del diablo, Udón Pérez desdeña la nueva riqueza como motor de progreso; al tiempo que se lamenta por el sacudón que la industria produce en el país con efectos como el éxodo rural y el abandono de formas de vida tradicionales…”.

El poeta José Javier León. (Foto Juan Guevara)

Y luego, precisa: “En Oro rojo, las relaciones de trabajo entre el criollo y el extranjero, la discriminación y la crueldad ejercida por los adelantados de las compañías petroleras, se describen en un inédito tono de denuncia. Udón Pérez escribe, a conciencia, un panfleto del cual seguramente esperaba que incidiese de algún modo en la situación planteada. Y si es verdad que no descuida sus estrategias de calidad estética, no lo es menos que estamos frente a un análisis lúcido y pormenorizado del proceso de implantación de la industria petrolera. Udón Pérez es, por ejemplo, el primero que en una fecha tan temprana como 1926 incita abiertamente a la huelga petrolera. Piénsese que en ese momento muy pocos podían siquiera imaginar un hecho semejante, dada la fuerza del régimen gomecista y las aún muy nuevas esperanzas de progreso y redención social depositadas en la naciente industria. Para Udón Pérez, se trata de un asunto de soberanía. Y para exponer su punto de vista, identifica alegóricamente a Venezuela con una hermosa muchacha llamada Patria, quien tendrá que hacer frente al intento de violación por parte de uno de los capataces extranjeros.”.

Alexis Blanco. (Foto Juan Guevara)

Pérez vivió en un momento de transición entre el romanticismo tardío y el modernismo, corrientes que influenciaron su visión del mundo y su estilo literario. Y se plantó con rigor y talento ante su propio paisaje, el Coquivacoa; el idioma vos, característico de su propia gente; además los mitos, leyendas y tradiciones del conglomerado étnico y antropólogico de su ciudad bienamada. “Mía”, proclamó con vehemencia.

Esta “Ciudad de Udón”, donde hubo la gracia de contar con un editor de la dimensión de Eduardo López Rivas, en cuyo periódico, El Fonógrafo, el autor de la letra de el Himno del estado Zulia desarrolló una presencia formidable, al igual que en el recién fundado Diario Panorama, de los hermanos Belloso Rosell, donde publicaría su obra de teatro “El Gordo”. En otro periódico, El Sociologista, publicó su monólogo en verso “La primera piedra”. Su impronta creativa alcanzaría brillar en la legendaria revista caraqueña, El Cojo Ilustrado, así como en Alma Latina, hecha aquí en su tierra.

Alexis Blanco. (Foto: Juan Guevara)

Teatro y periodismo, lo cual me toca el alma. Según el versado Jesús Semprún Parra: “El 26 de enero de 1904, fue el estreno en el Teatro Baralt, de su drama poético Frutos naturales, por la Compañía Española de Dramas de Martínez Casado. Esta pieza dramatúrgica, la publica en la Imprenta Americana, con un epílogo crítico de Marcial Hernández, quien al final de su texto dice: “Mas cualesquiera que sean lo errores, Frutos naturales arrancará siempre los aplausos del público, porque tiene corazón, espíritu i fuerza”…”.

En 1908, estrena su drama poético en tres actos Sin nombre, por la Compañía Zuliana de José Mavárez, el cual generó polémicas por su tema tratado sobre los hijos naturales. Esta pieza de teatro se mantuvo inédita.
Ese mismo año, publica su poema indiano La leyenda del Lago, en la Imprenta Americana, donde usó el verso alejandrino de manera impecable para narrar la leyenda indiana sobre el nacimiento del Lago de Maracaibo, incluido más tarde en Ánfora criolla.

Un mes después de fallecido, el insigne Jesús Enrique Lossada promueve un primer intento de desagravio al poeta: “Udón Pérez con su raza y con su tierra, le hace mirar con recelo al elemento extraño que viene a alzar bajo nuestro sol su tienda aventurera. Por eso en su poema inédito Oro Rojo, en transparente simbolismo rechaza la invasión pacífica de la industria del Norte, y la violentada moza criolla, lozana y fiera como su patria, trueca el oro negro en oro rojo, en llamaradas de incendio que devoran los guías y las máquinas y tuercen y calcinan los rieles como chuzos!”.

Rafael Molina Vílchez y Jorge Quintero. (Foto Jorge Quintero)

De manera que estamos ante un verdadero revolucionario del pensamiento progresivo y progresista. Ese poema, Oro Rojo, también salió a la luz en 1926, cien años después y debería formar parte obligatoria de los pensa de estudios formales, tanto de primaria como secundaria y así sucesivamente. Más allá de un Desagravio, constituye un acto irreversible de moral patriótica.

Un poeta como Udón Pérez representa un plusvalor intelectual. Hemos comprendido siempre que un poeta nacional, y en este caso, regional y local, fortalece la identidad cultural, resguarda nuestra memoria emocional como pueblo, inculca en la psique colectiva un ponderado sentido de pertenencia e inmortaliza el paisaje y la historia donde se desenvolvió su vida cotidiana, aunque extraordinaria. “Poíesis”, es la palabra con la que los antiguos griegos designaban al don de aquellos ciudadanos que hacían posible que las cosas existan.

En 1955, en plena Plaza Baralt, arguyendo una presunta necesidad de “romper con el pasado”, un grupo de poetas agrupados bajo el cáustico nombre de Apocalipsis, liderados por otro grande, Hesnor Rivera, procedieron a incinerar los libros de poemas de Udón Pérez. Paradójicamente, dos décadas después, un grupito de estudiantes de Letras hicieron otro tanto al quemar los libros ¡de Hesnor Rivera!, quien, horas después de haberse consumado el patético hecho, estuvo en el lugar de la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, donde se observaba la mancha dejada por la pira maldita.

Giovanny Villalobos y Alexis Fernández (de pie), integran la Comisión Conmemorativa del Centenario de la muerte del poeta Udón Pérez. (Foto Juan Guevara)

¿Qué meditaba el autor de Las ciudades nativas, mientras caminaba en silencio alrededor de aquel símbolo pirómano? ¿Acaso pensaba en aquella novela distópica de Ray Bradbury, “Fahrenheit 451 (232,8 °C): la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde”, escrita dos años antes que el agravio cometido contra Udón Pérez? ¿Qué clase de sociedad pretende construirse desde y sobre la quema de libros?…

Un Desagravio profundo, poético, trascendental, más allá de lo simbólico (C.G. Jung) para un poeta extraordinario, adelantado por mucho a su tiempo. ¿Imaginan ustedes a aquella sociedad bendita de entonces, cómo habría reaccionado si hubiese advertido que Udón Pérez les estaba traduciendo a Paul Verlaine, desde el francés, el amante de Arthur Rimbaud, así como, desde el inglés, a Óscar Wilde, condenado por homosexualidad, en 1895?

Nunca hubo duda sobre la condición hetero de un padre ejemplar, casado toda su vida con una ejemplar dama, cuya muerte lo sumergiría en una desgracia espantosa, así como aquel incidente donde disparó, defendiendo su honor, matando en forma equivocada a una víctima inocente, lo cual le valió la cárcel y para quien escribiría su Lira Triste.

Legendario y revolucionario y transgresor y adelantado. Son muchas las facetas de Udón Pérez que ameritan ser reivindicadas, repensadas y reenfocadas. Y así como hay círculos de estudios, en ciudades como Dublín (James Joyce), Praga (Franz Kafka), París (Gustavo Flaubert o Marcel Proust), aquí en Maracaibo deberíamos tener una Cátedra Udomperizta Permanente, con un consejo de notables, especialistas en perfilar todos estos actos de Desagravio. Digo, es un decir.
Un Desagravio para Udón.

Alexis Blanco (El Barroco Cronista Cuántico)

Y no olvides visitar...