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Tía Juana, la mujer detrás del nombre que iluminó el petróleo zuliano

En la memoria colectiva del Zulia, el nombre de Tía Juana resuena con fuerza petrolera, pero su origen no nace entre torres de perforación ni en mapas industriales, sino en la vida silenciosa de una mujer del siglo XIX: Juana Villasmil.

Maracaibo de Antaño compartió la fascinante historia de Tía Juana, quien nació en Maracaibo, probablemente a inicios del siglo XIX, Creció en una región aún marcada por los ecos de la colonia y los primeros pasos de la República. En 1823, año decisivo para la independencia venezolana tras la Batalla del Lago de Maracaibo, contrajo matrimonio con Lorenzo Romero, militar de origen español. Romero heredó extensas tierras ubicadas entre los ríos Ulé y Tamare, propiedades que habían pertenecido a su abuelo, antiguo prefecto de Gibraltar. Juana, por su parte, aportó como herencia el hato La Rosa, legado de su familia.

La unión de ambos dio origen a la familia Romero Villasmil, que se trasladó a Cabimas, una pequeña villa de pescadores y hacendados formada por familias provenientes de Maracaibo. Allí, en medio de manglares y costas lacustres, levantaron la primera casa de tejas de la localidad, un símbolo temprano de asentamiento permanente en una zona que aún no imaginaba su destino petrolero.

Décadas después de su muerte, sus tierras se convertirían en epicentro de uno de los descubrimientos energéticos más importantes del país. El 9 de marzo de 1928, la empresa Lago Petroleum Corporation anunció el hallazgo de un pozo altamente productivo: el Tía Juana N° 1. Para entonces, aquellas tierras ya habían cambiado de manos. En julio de 1921, fueron adquiridas por el empresario Bladimiro Jugo Padrón y por Santos Matute Gómez, entonces presidente del estado Zulia y hermano del dictador Juan Vicente Gómez.

El hallazgo marcó el inicio de la expansión del Campo Costanero Bolívar, uno de los complejos petroleros más importantes de Venezuela. El crudo extraído en la zona alcanzó reconocimiento internacional por su calidad, consolidando la denominación “Tía Juana Light” como referencia en la industria petrolera mundial.

Así, el nombre de una mujer del siglo XIX, ajena al mundo industrial, terminó bautizando un campo petrolero de alcance global. No fue una estrategia de mercadeo ni una decisión técnica: fue la permanencia de la memoria oral, de la tradición local que seguía llamando a esas tierras por el nombre de su antigua dueña.

El legado de Juana Villasmil no se limita al petróleo. La tradición la reconoce como fundadora de la iglesia católica de Cabimas, institución que con el tiempo daría paso a la creación de la Diócesis de Cabimas. Su huella espiritual y comunitaria también permanece viva: la bandera del Municipio Simón Bolívar incorpora una rosa en su honor, evocando el hato que formó parte de su herencia.

Hoy, Tía Juana es más que un nombre geográfico o industrial. Es un puente entre dos épocas: la rural, de haciendas y familias fundadoras, y la moderna, marcada por la explotación petrolera y la transformación económica del Zulia. En ese cruce de caminos, la figura de Juana Villasmil emerge como símbolo de origen, arraigo y memoria.

Porque antes del petróleo, antes de los pozos y las exportaciones, hubo una mujer. Y su nombre, pronunciado con cariño —Tía Juana—, terminó por convertirse en historia.

Fuentes consultadas:

  • Archivo Histórico del Estado Zulia
  • Maracaibo de Antaño
  • Academia de Historia del Zulia
  • Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), reseñas históricas del Campo Costanero Bolívar
  • Ministerio del Poder Popular de Petróleo, cronología de la industria petrolera venezolana
  • Testimonios y recopilaciones locales de tradición oral sobre Cabimas
  • Investigaciones históricas sobre la Lago Petroleum Corporation (1920–1930)

Crédito fotográfico: Cortesía José D. Romero /Restauración IA

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