La televisión y el teatro venezolano recuerdan el legado de Isabel Rebeca González Casanova, conocida artísticamente como Rebeca González, una de las figuras más emblemáticas de la época de oro de la dramaturgia nacional. La primera actriz, cantante y docente falleció el 29 de octubre de 2019 a los 67 años, tras sufrir un paro cardíaco mientras se encontraba a la espera de un trasplante renal.
Su paso por los escenarios comenzó a los tres años de edad. Descubierta y apadrinada por el legendario animador Renny Ottolina, la pequeña artista deslumbró al público en programas como Lo de hoy y Café de la tarde, retransmitidos por RCTV y la antigua Televisa. Su precoz talento, elegancia y carisma le valieron el apodo de la «Shirley Temple venezolana», un reconocimiento que la llevó al cine con tan solo cinco años en la película Papalepe (1957).
A lo largo de su infancia y juventud, González consolidó una prolífica carrera en la pantalla chica. Participó en unitarios y producciones de gran sintonía como El Padrecito, al lado de Raúl Amundaray, e inolvidables espacios humorísticos y juveniles junto a figuras como Guillermo González y Orlando Urdaneta.
Consagración en las telenovelas
El salto definitivo al protagonismo ocurrió en 1967 con La Rival, producción de Venevisión que compartió con Jorge Félix y Amelia Román. Su éxito inmediato la impulsó a encabezar proyectos emblemáticos en distintas cadenas, entre ellos El Milagro de Lourdes y La Consentida de Papá, donde actuó junto a José Luis Rodríguez «El Puma».
Para la década de 1970, su nombre se convirtió en sinónimo de éxito en la era dorada de los dramáticos. Fue la heroína inolvidable de la escritora Delia Fiallo en producciones de proyección internacional como María Teresa, Peregrina y Una muchacha llamada Milagros. Asimismo, compartió pantalla con estrellas internacionales de la talla de Libertad Lamarque en Mamá y Claudia Islas en La Otra.


Un precedente en la industria y madurez artística
En 1976, Rebeca González marcó un hito histórico en la industria del entretenimiento venezolano al entablar y ganar una demanda judicial contra una cadena televisiva por daños y perjuicios, un evento inédito para la época. Este episodio reorientó su carrera hacia la televisión pública en Venezolana de Televisión (VTV), donde destacó en producciones históricas como Páez, el Centauro del Llano. Más tarde, regresó a RCTV para estelarizar La Comadre (1979) y proyectó su trabajo a nivel internacional al protagonizar La Mentira para la cadena puertorriqueña WAPA-TV.
Durante las décadas de 1980 y 1990, mantuvo participaciones destacadas en dramáticos como De su misma sangre, Cara a Cara, Días de Infamia y El Hombre de Hierro. En etapas posteriores, encarnó a la villana de la telenovela Muñeca de trapo (2000), actuó en la película El Caracazo de Román Chalbaud y formó parte del elenco de ¡Que el cielo me explique! (2010).

Docencia y vocación artística
Más allá de las pantallas, la artista exploró su faceta poética con el disco de poemas dramatizados junto al Ensamble Gurrufío y dedicó sus últimos años a la formación de las nuevas generaciones de actores en la escuela «El Universo del Espectáculo» y en sus seminarios «El actor en acción».
Rebeca González permanece en la memoria colectiva como un referente indiscutible de la actuación, cuya disciplina y talento dejaron una huella imborrable en la historia de las artes escénicas de Venezuela.
Noticia al Dìa
Pasante: Ana Tremont
