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Rafael Cadenas arriba a sus 96 años como el guardián de la "palabra exacta"

Este 8 de abril, el mapa de las letras hispanas se detiene para celebrar el nacimiento de Rafael Cadenas, el poeta mayor de Venezuela. A sus 96 años, el escritor barquisimetano no solo representa la cumbre de la lírica nacional, sino que se mantiene como un faro de lucidez ética y sencillez en un mundo de ruidos estridentes.

Nacido en 1930, Cadenas ha transitado casi un siglo de historia, transformando su propia existencia en una búsqueda incesante de la "palabra exacta". Desde sus primeros pasos en la militancia y el exilio en Trinidad durante la dictadura de Pérez Jiménez —experiencia que germinó en sus emblemáticos Los cuadernos del destierro (1960)— hasta su consagración mundial, su obra ha sido un ejercicio de honestidad intelectual.

La figura de Cadenas alcanzó su punto más alto de reconocimiento internacional en 2022, cuando se convirtió en el primer venezolano en recibir el Premio Miguel de Cervantes, el máximo galardón de la literatura en español.

Aquel "Cervantes sin corbata", como lo describió la prensa española, conmovió al mundo al recibir el premio en Alcalá de Henares con un discurso que fue una defensa férrea de la democracia y una advertencia sobre el deterioro del lenguaje.

Sin embargo, para el lector venezolano, Cadenas es mucho más que sus galardones (que incluyen el Reina Sofía de Poesía y el FIL de Guadalajara). Es el autor de "Derrota", el poema que definió a una generación, y de libros fundamentales como Falsas maniobras, Intemperie y Amante, donde la mística y la cotidianidad se abrazan sin artificios.

A sus 96 años, el poeta reside en Caracas, rodeado de sus libros y de la admiración silenciosa de un país que ve en él su reserva moral más sólida. En sus escasas intervenciones recientes, ha insistido en la necesidad de "observarse por dentro" y en la defensa de la libertad como condición indispensable para la cultura.

Hoy, la celebración no es solo por la longevidad de un hombre, sino por la permanencia de una voz que nos enseñó que, incluso en la precariedad, la poesía es el lugar donde todavía es posible la verdad.

Obras imprescindibles para recordarlo hoy:

Los cuadernos del destierro (1960), Falsas maniobras (1966), Anotaciones (1983), Gestiones (1992), En torno al lenguaje (Ensayo).

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