Un día como hoy, pero de 1883, las puertas de la cultura marabina se abrieron de par en par. En el marco de la conmemoración del centenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar y bajo la gestión de José Escolástico Andrade como presidente del estado Zulia, la ciudad inauguró con orgullo su primer gran templo de las artes: el Teatro Baralt.
Aquella velada histórica no solo marcó el estreno de tres obras dramáticas de autores nacionales, sino que presentó ante la sociedad un edificio de elegancia excepcional. Con una imponente fachada de estilo dórico-romano, adornada por un pórtico de cuatro columnas y una terraza con barandas de hierro, la estructura combinaba la solidez de sus paredes de ladrillo y mampostería con modernos detalles para la época, como aceras de mármol y un innovador sistema de ventilación de mangueras giratorias.
En su interior, el Baralt rindió homenaje al talento local e internacional. Su cielo raso, pintado al óleo con las nueve musas rodeando la araña central, armonizaba con elementos de influencia árabe esculpidos en finas maderas venezolanas. Sobre el gran arco del telón destacaba el retrato del ilustre sabio Rafael María Baralt, custodiado en la arquería superior por los nombres de destacados literatos inscritos sobre cintas plegadas.
Con capacidad para recibir a cientos de espectadores en su clásica distribución de herradura entre platea, balcones y galería, el recinto contaba además con un pintoresco jardín adyacente donde funcionaba un café, el cual servía como patio de desahogo durante los entreactos, convirtiéndose de inmediato en el corazón social de la ciudad.
Durante casi medio siglo, esta primera etapa del Teatro Baralt acogió memorables conciertos, operetas, zarzuelas y montajes teatrales que moldearon la identidad artística de la región. Hoy, a 143 años de aquella emblemática inauguración, Maracaibo rinde homenaje a un espacio histórico que se mantiene como faro, memoria y refugio del arte zuliano.
Noticia Al Día / Con información de Teatro Baralt
