En un emotivo momento que los devotos marabinos interpretaron de inmediato como una señal de gracia divina, el fervor mariano desafió de manera única a la naturaleza durante la procesión de la Virgen de Chiquinquirá. Al momento exacto en que la sagrada imagen avanzaba en su recorrido ante la feligresía congregada, el cielo comenzó a dejar caer una leve llovizna.
Apenas las primeras gotas comenzaron a "pringar" sobre la multitud, la reacción del pueblo fue instantánea: lejos de alarmarse o dispersarse, la fe se encendió en un solo clamor. Los presentes comenzaron a entonar profundos cánticos de devoción, uniendo sus voces al unísono bajo el grito de "¡Lluvia de bendiciones!" para acompañar el paso de su patrona.
Para proteger la sagrada imagen de la Chinita de forma preventiva, los Servidores de María detuvieron momentáneamente la procesión y la resguardaron en un espacio techado. Fue precisamente en ese instante cuando ocurrió el detalle que dejó atónitos a los fieles: tan pronto la Virgen quedó protegida del agua bajo el techo, la llovizna cesó por completo y escampó de manera inmediata.
El singular episodio meteorológico fue calificado por los testigos como un hermoso regalo espiritual, el cual reafirmó la profunda conexión mística y la fe inquebrantable del pueblo zuliano, que no dejó de cantarle a su Reina ni un solo segundo.
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