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Noticia al Dia

La delgada línea entre el milagro y el dolor: Así se comunican los voluntarios con las víctimas atrapadas bajo los escombros

Entre el silencio sepulcral que exigen los protocolos de rescate y los gritos ensordecedores de la urgencia, una cadena humana de voluntarios civiles se ha convertido en los oídos y la voz de quienes quedaron atrapados bajo el concreto tras el terremoto del pasado 24 de junio. Un impactante registro audiovisual capturó los minutos de extrema tensión que viven los rescatistas improvisados ​​al intentar arrancar señales de vida a las estructuras colapsadas.

El video, que refleja el drama en su estado más puro, muestra a un joven voluntario agachado junto a una profunda grieta entre las placas de cemento. Con las manos cubiertas de polvo y el rostro desencajado por el cansancio, intenta establecer contacto con el subsuelo.

—¡Habla pa’ que te escuchen! ¡Habla pa’ que te escuchen!— grita el voluntario con desesperación hacia la oscuridad de las ruinas. —¿Cómo te llamas, hermano?— pregunta, mirando a un hueco estrecho, entre las ruinas.

Al otro lado, una voz débil responde desde las entrañas del colapso: Ramón. Segundos después, ante la insistencia y las indicaciones de otro voluntario confirman un segundo nombre: Ari.

El dolor de las respuestas que no llegan

El hallazgo genera una ráfaga de adrenalina entre la multitud que ayuda a remover escombros a mano limpia. “Bueno, ahí hay tres personas… y allá está una señora… ¡Sí, mano, aquí hay una señora!” , se escucha en un intento por mantener la calma y dar coordenadas exactas para un posible rescate.

El voluntario vuelve a volcarse sobre el asfalto quebrado para intentar reanimar a otra de las víctimas: “Señora… hable pa’ que la escuchen… ¡Señora, hable!” . El esfuerzo rinde frutos cuando se escuchan señales desde otro punto: "¡Ahí está, mano! ¡Ahí está! ¡Hay dos… están vivos, mano, están vivos!" .

Sin embargo, en el mismo perímetro, el ambiente de esperanza se fractura por un instante cuando el voluntario insiste en llamar a otro de los vecinos reportados por la comunidad: “Jesús… hermano, háblame…” .

Esta vez, el silencio fue la única respuesta. El clamor por Jesús se perdió entre los escombros, dejando un nudo en la garganta de los presentes y evidenciando la dura realidad a la que se enfrentan los rescatistas: cada segundo es la delgada línea entre la vida y la muerte.

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Video: El Confidencial

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