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Conversando con mi héroe en el bar: Elmer Niño, "el honor no se negocia"

Conversando con mi héroe en el bar: Elmer Niño, "el honor no se negocia"
Conversando con mi héroe en el bar: Elmer Niño, "el honor no se negocia"

Quedamos para encontrarnos a las 4 y 30 de la tarde en el bar La casa de los licores.

_ ¿Es la que queda detrás del almendrón?

_ Así es, poeta, tiene usted la cartografía de la ciudad en el alma, dije.

Elmer Niño, fue el primer periodista que conocí cuando era un jovencito saliendo del bachillerato. Fuimos a Panorama en su sede vieja – hoy sede del registro – emocionados de haber entendido y argumentado el libro de una celebridad del periodismo, Ignacio de La Cruz, titulado "En Maracaibo hay un volcán oculto".

Estuvo en mi radar desde esa fecha, seguí sus pasos – lo apropiado es decir, anduve tras sus escritos – desgrané y comí a todo placer las historias salidas de su pluma, supe de sus batallas, de su valor inquebrantable en defensa de los olvidados. de su arrojo para quitar máscaras. revelar marramucias. corruptelas. Alimenté mis sueños de aquello que llegué a pensar sería mi regla de vida y que, confieso con el alma, no pude sostener en muchas veces.

Entonces, le recordé hace poco – por el día del periodista – y quise reconocerle públicameente como el mejor, mas brillante y mas completo de Maracaibo. Como las verdades tienen piernas largas, el comentario de reconocimiento, de elogios lo alcanzó entre la niebla de una montaña en Boconó refugio donde su espíritu libre aompaña a los pajaritos.

Y allí estábamos. Elmer. flaco, alto, sonriente, saliendo de un chorro de luz que entra por la puerta de La casa de los licores cuando se pone la tarde. El abrazo amistoso. la primera Zulia, el tormento de una música que nunca termina de repetirse. Demasiado ruido para un hombre que vive protegido de silencios y de sonidos sublimes, salimos. una banca. al frente la calle abierta, a mi lado el poeta, el periodista exquisito…¡mi héroe!.

Tres horas de una converrsación con un hilo de oro, nada de extravíos, ni de disonancias, ni palabras fuera del lugar donde van, ni interrupciones en la crónica de los día, de los años, cada nombre en la justa dimensión, con las emociones merecidas, nadie podía ver, Elmer y quien escribe, si podíamos sentir el acercarse de seres en dimensiones distintas, Eduardito Semprún corrió la voz, se trajo a Ciro Contreras, a Jesús Añez Nava, Argenis Bravo quien corrió por Ignacio de La Cruz, Sergio Antillano.

El creador de la bella serie Los que vinieron para quedarse contando los partos que no pueden borrarse: Un patólogo pianista, un veterinario con 15 hijos llamados por número, las razones de volar hacia otros ámbitos. Su vida de trotamundos, de diplomático, las incesantes luchas desafiando el poder, confrontando corruptos, defendiendo un honor que no se negocia.

La carcajada que lo resume todo. Los logros hermosos: Llanerana, una estación se televisiòn en la frontera, los cargos diplomáticos, persecuciones, juicios, momentos duros sin perder la dignidad, el estudiante confrontador, inconforme, imposible de calmar con una mentira.

En cada trago de la cerveza helada, bebía retazos de colores, algunos bordados con sangre y lágrimas de la vida de Elmer Niño, llegaron a besarle la frente Maria Luisa Villalna, Fanny Añez. De la banca me llevó a Boconó, a la montaña donde anida, donde tiene contado los pasos que lo llevan a los brazos de su amor, compone boleros, canciones donde los arpegios se entrelazan.

Para despedirnos el reforzamiento de una amistad, la reafirmación del respeto, el cariño y la admiración. Caminos nuevos y éxitos, poeta, maestro… Mi héroe.

JC

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